miércoles, 23 de mayo de 2012

Nobody said it was easy




No era perfecta, eso lo sabía; había tenido una infancia de mierda, una adolescencia patética y su vida adulta era absolutamente banal. No tuvo mucha suerte, tampoco  mala, no fue una “niña traumatizada”, ni siquiera en eso pudo destacar siendo víctima. Había tenido lo mismo que las demás niñas de su barrio: unos padres decentes que no la maltrataban y ganaban el salario mínimo; cuatro hermanos con los que pelearse y de los que heredar y a los que dar ropa; educación obligatoria y pública hasta los 16 años; comida caliente; y juguetes rotos del primogénito.

Nunca destaco en nada, 22 años sin pena ni gloria, fue la segunda de sus 5 hermanos, iba al colegio diariamente, hacia sus exámenes, ayudaba en casa en lo que le mandaban. Sus padres nunca tuvieron que regañarle por nada grave, en el colegio jamás se quejaron de ella, tampoco hubo nada por lo que alabarla, nunca tuvo la necesidad de destacar en la escuela; tenía dos amigas con las que compartía algunas tardes y conversaciones superfluas. Al acabar la Educación secundaria Obligatoria, hizo un curso de peluquería que le proporciono un trabajo a media jornada, con lo que pagar los pocos gastos que tenía y ahorrar. Por supuesto en su interior había algo más, una inteligencia casi ilimitada que le proporcionó conocimientos sin ayuda de nadie. Aprendió inglés, francés y alemán antes de cumplir los 12, gracias a una biblioteca municipal extensa y a un carné gratuito, así como electrónica, matemáticas, física a niveles de ingeniería. Leyó todo lo que disponían de relaciones internaciones, estrategia militar, economía y  por supuesto al ser una enamorada de los libros a los 10 años ya había leído a todos los grandes: desde  Dumas, Brotë  a Wild. Lo dicho una persona con una vida absolutamente vulgar, pero una mente extraordinaria. Y así pasaron 5 años. Hasta que decidió gastar algunos ahorros en visitar la capital inglesa.

No era una belleza en el sentido estricto, ni era una mujer atractiva; pero tenía algo, que se suele decir, quizás la sonrisa o que cuando miraba siempre lo hacía a los ojos y los suyos eran realmente expresivos como si mostraran un alma torturada y a la vez no dejaban de ser bonitos; aquello cautivó a la primera persona que se fijó en ella de verdad.

Mr Scott, o más conocido como Willy para sus allegados, aunque ninguno de los dos fueran sus nombres verdaderos, era un irlandés residente en Londres,  sin recordar exactamente desde cuándo. Era un tío extremadamente guapo e inteligente, usaba su encanto personal para obtener lo que quería, por supuesto siempre lo conseguía. Nunca había estudiado, más que en la escuela de la calle, pero sabía más que el Primer Ministro de casi todo.

Cuando vio entrar a aquella mujer en el pub, no dudo ni un momento en saber que era la mujer que estaba buscando, aunque quizás en ese momento no supo cuán importante iba a resultar ella. Su perspicacia le hizo saber al momento que el pelo castaño, la tez blanca pero no lechada, los ojos verdes y su cara de haberse perdido, pertenecían a una  europea del sur; Se acercó con sigilo pero con petulancia hasta ella que estaba apoyada en la barra al lado de la puerta, como si fuera a salir corriendo en cualquier momento; probó suerte y fallo:

-Ciao Bella, cosa fa una ragazza come te in un posto come questo? Espetó Mr Scott con su seguridad cotidiana

Ella se rió porque aquel extranjero le había dicho en otro idioma una frase de una canción que probablemente no conocería; ella le dijo con una sonrisa torcida y con más gracia y coraje del que nunca había tenido. -Sono spagnolo e direi che il tuo accento vostra lingua madre è l´inglese. If you don´t mind I speak english better than italian.

Su cara fue un poema, sonrió pero por primera vez lo hizo porque se sentía avergonzado, ella le devolvió la sonrisa amable, estaba muy pagada de sí misma. -En ese caso le invito a una copa, por mi error señorita…Dijo aquel extraño arrebatadoramente atractivo con un fuerte acento mientras le tendía la mano.

-Paz, me llamo Paz. Le estrechó la mano con una sensación que jamás había sentido y seguramente se la había trasmitido él. Seguridad.

-Encantado de conocerla yo soy Mr Scott, pero llámeme Willy.

Aquí empezó todo.

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